miércoles, 2 de septiembre de 2020

El lugar de los judíos en el tribunal de Reyes Mate

 Publicado como:

Mauricio Pilatowsky, "El lugar de los judíos en el tribunal de Reyes Mate" en: Francisco José Martín (Ed.) Antes de que decline el día: Reflexiones filosóficas sobre otro mundo posible (diálogos de y con Reyes Mate), Ánthropos, Madrid, 2020. págs. 241-252




 Mauricio Pilatowsky

   “El Mesías llegará apenas sea posible el ilimitado individualismo de la fe, apenas nadie piense en destruir tal posibilidad; nadie tolerará tal destrucción, de manera, en suma, que se puedan abrir los sepulcros.”[1]

(Franz Kafka, Consideraciones acerca del pecado, el dolor, la esperanza y el camino verdadero)

 

1.   Presentación

Hace un par de décadas, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, Reyes Mate presentó su libro Memoria de Occidente, Actualidad de pensadores judíos olvidados.[2] Su propuesta tuvo entonces una resonancia limitada para los filósofos mexicanos alejados de la temática que abordó, el pensamiento judío europeo y las reflexiones sobre el Holocausto no se encontraban en el horizonte temático de la academia mexicana. Más de veinte años después las cosas han cambiado y en gran medida gracias a la difusión de la obra de este gran filósofo español. Esta situación se replica en muchos países de Hispanoamérica, a Reyes Mate se le estudia en Argentina, Colombia, Perú y Chile es ya un referente para investigaciones académicas y en seminarios de investigación.

En este volumen podemos encontrar una prueba del alcance de sus enseñanzas ya que es el resultado de un encuentro donde acudimos investigadores de varios países a rendirle homenaje. Nuestra contribución parte del análisis de su su última obra: El tiempo, tribunal de la historia[3] en donde encontramos una articulación de las ideas centrales de su pensamiento desde una perspectiva donde se revalora el papel de la religión frente a las demandas modernas de secularización. En este singular tribunal, donde el acusado es el quehacer filosófico después de Auschwitz, citaremos a declarar a Reyes Mate como un testigo de la defensa.  En la primera parte y de manera muy resumida presentaremos las líneas generales de su obra filosófica y en la segunda daremos cuenta de su reflexión sobre las distintas concepciones del  tiempo en la modernidad y en el lugar que para él ocupan los judíos en la posibilidad de un futuro mejor para la humanidad. 

2.   Bosquejo general de las aportaciones de Reyes Mate

En un bosquejo preliminar se podría describir la obra de Reyes Mate como un rico compendio de variaciones que responden a la aporía que el mismo define como el imperativo de la filosofía después del Holocausto[4]: pensar lo impensable o reconocer que Auschwitz fue un evento impensable que da para pensar. Es a partir de esta paradoja que recupera la propuesta de su maestro Johannes Baptist Metz que considera a la memoria como una categoría central de la filosofía.[5]

Este hiato entre previsión y acontecimiento, entre campo de concentración y Auschwitz, significa que podemos considerar Auschwitz como el caso singular de una teoría sino como algo impensable por la teoría y, por tanto, algo que da que pensar por sí mismo. Lo impensable del acontecimiento para la teoría es lo que al mismo tiempo constituye a Auschwitz como acontecimiento que inaugura una reflexión. Propia de esta reflexión es la referencia a un acontecimiento que está detrás de nosotros, que ya ha sido y que, precisamente por eso, por su carácter fontanal que ya ha tenido lugar, es objeto de la memoria. La memoria surge del hiato entre incomprensibilidad y conocimiento y es la categoría adecuada al carácter inaugural, originario del acontecimiento. Si Auschwitz es lo que da que pensar, lo es debido a la presencia constante en nuestro presente de un acto pasado que está presente a la razón gracias a la memoria. [6]

 

Desde esta postura, que define como un imperativo para la filosofía después del Holocausto, Reyes Mate introduce, o más bien rearticula, otro ámbito de la experiencia humana: el sufrimiento. En este sentido se propone recoger los testimonios de las víctimas del proceso civilizatorio en general y el de la catástrofe de la Ilustración en particular[7].  La memoria de la que habla está ligada al sufrimiento y por lo mismo, a su entender, debe recuperar lo que los excluidos tienen que decir con respecto al progreso.

En Auschwitz murieron millones de personas de muchas naciones y creencia, sin dejar de reconocer este hecho, Reyes Mate centra el genocidio Nazi en su carácter antisemita y por lo mismo les pone particular atención a las víctimas judías. La Shoah, por utilizar el término hebreo, debe entenderse como el trágico desenlace de un proceso de exclusión que acompaña la convivencia milenaria entre cristianos y judíos pero que a partir de la Ilustración se vuelve virulentamente asesina. La memoria de Auschwitz, según el filósofo español, debe articularse recogiendo el testimonio de las víctimas de este proceso de exclusión y exterminio y son los llamados “pensadores judíos” los elegidos para esta  tarea, para “conjurar la amenaza que gravita sobre una crítica frívola de la Modernidad.”[8]

Para justificar esta manera de hacer memoria Reyes Mate nos advierte que “lo de menos es que los pensadores que animan esta reflexión sean judíos. Lo realmente importante es su experiencia como judíos.”[9] Esta afirmación es central ya que lo que motiva su revisión, según nos aclara el autor, no tiene que ver con su identidad en sí y por lo mismo tampoco se trata de hacer un estudio del judaísmo como tal, sino con el lugar desde donde reflexionan, es decir que el valor de sus contribuciones está determinado por su condición de víctimas. “No se trata, por supuesto, de añadir un capítulo más a la metafísica occidental. […]Basta la autoridad de los sueños marchitos. Basta la autoridad del sufrimiento.”[10]En su compromiso por recoger los testimonios de los pensadores judíos, Reyes Mate nos introduce a un universo conceptual de una riqueza incalculable son muchos y muy variados los autores que revisa y dentro de todos al que le dedica un lugar especial es a Walter Benjamin y en particular a sus tesis sobre la filosofía de la historia.[11]

La propuesta filosófica de revisar el saber a partir de la autoridad de la víctima y por medio de la memoria no se limita al campo epistemológico va más bien dirigido al de la ética y la política, en ese sentido podemos afirmar que una de las principales preocupaciones de Reyes Mate es la justicia. Su posición al respecto va en consonancia con lo que ya hemos expuesto: con la autoridad de la víctima. A diferencia de otras teorías políticas en donde se parte de un análisis del concepto, él propone partir de la interpelación del sufrimiento, es decir de la injusticia que no busca consensos racionales sino acciones prácticas y respuestas inmediatas. “La reflexión sobre la justicia, en este contexto, no podría darse en clave de consenso, pues faltan las condiciones sociales y políticas para un lenguaje común, sino de interpelación desde la experiencia de injusticia. El que sufre la injusticia no plantea consensos, sino que exige respuestas.”[12]

Para finalizar este bosquejo de la obra de Reyes Mate es necesario señalar que su aproximación parte de una postura religiosa católica que siendo poco ortodoxa y radicalmente crítica no deja de reivindicar que a final de cuentas no es posible responder a la interpelación de las víctimas y hacer justicia excluyendo a la religión.

 “Mantener al tipo de hombre que hemos conocido ese que se pregunta alguna vez en la vida qué debo hacer, que puedo conocer o qué me cabe esperar; ese hombre, el mismo que frente a las víctimas de Auschwitz, reconoce que tiene que hacerse cargo del daño que causa el hombre, ese tipo de hombre no puede pensarse, ni seguramente mantenerse, al margen de lo religioso. Al menos, deberíamos discutirlo por si acaso”[13]

 

3.   El lugar de los judíos en la teología cristiana de Reyes Mate

Reyes Mate, en su obra El tiempo tribunal de la historia, coloca como eje central las concepciones del tiempo que, a su entender, han determinado la organización de la vida colectiva: la apocalíptica y la gnóstica[14]. Debemos aclarar que su aproximación parte de un análisis teológico de la tradición judeo cristiana cuya dialéctica ha desembocado en la catástrofe[15] y por lo mismo la posibilidad de terminar con la barbarie y reconstituirnos como una humanidad fraterna debe transitar por esta misma vía con la mirada puesta en el pasado, en el origen.

Para el filósofo español “aunque el con­cepto de tiempo existe en Roma y en Grecia, es en Israel donde adquiere una significación singular, de tal suerte que plantearse hoy la recupera­ción del tiempo es tanto como reivindicar el espíritu de Israel.”[16] Lo que a su juicio determina la concepción del tiempo en los orígenes de la religión judía en la apocalíptica y mesiánica: la primera “es el desvelamiento de una rea­lidad (o del sentido de la realidad) que se realiza en el tiempo y el espacio que habita, pero que trasciende su manifestación”[17] y la segunda que “el sentido del tiempo tiene que realizarse aquí y ahora. Esta materialidad o predisposición antiidealista y antimítica del pueblo judío alcanza a la justicia y a la salvación.”[18] Esta idea del tiempo de origen judío es la que recoge Pablo de Tarso para fundar el cristianismo incluyendo un sentido escatológico:

El concepto de escatología se refiere al final del hombre individual y también al del mundo, es decir, al de la historia. […] Pues bien, lo propio de la apocalíptica judeocristiana es que tiene que vivir la vida teniendo presente su final y eso consiste en anticiparlo. Si el final del tiempo apocalíptico es la plenitud del tiempo, anticiparlo significa vivir fraternalmente. […] El otro no es alguien que necesite de nosotros, sino <<la puerta por donde pasa el Mesías>>, esto es, el acceso a una humanidad lograda. [19]

 

Es importante recordar que la traducción de la palabra hebrea משיח Meshiaj el ungido al griego es Χριστός Cristo, de tal manera que el origen del cristianismo está en la concepción judía del Mesías y lo que Reyes Mate expone como “el espíritu de Israel”.  En este sentido podemos afirmar que, para el filósofo cristiano, Jesús el Cristo es el Meshiaj judío en el que el espíritu divino encarna para materializar el mandato de hacer al hombre responsable de sus actos. El advenimiento de Cristo debe entenderse, según su propuesta, como la manifestación de lo que fue un elemento central de la tradición judía que entendía que “el mal en el mundo no es natural, sino histórico y que tiene que encontrar una respuesta en la historia.”[20] Eso fue, a su entender, lo que creyeron los fundadores del cristianismo originario pero el cambio no sucedió y lo que causo la decepción y la frustración fue la creación de una nueva concepción del tiempo que le diera respuesta a las expectativas de salvación en un mundo donde siguió habiendo sufrimiento e injusticia: el tiempo gnóstico.

 

Pero el mismo Pablo estaba tan persuadido de que el Mesías estaba a punto de llegar que acariciaba la idea de poder asistir en persona a su venida (1 Tesalonicenses 4,17). Aquella generación expectante, sin embargo, murió y no ocurrió nada. La historia siguió su marcha, de espaldas a sus expectativas, y la desilusión fue grande. La consiguiente frustración dio pie a una revolucionaria revisión del tiempo que dura hasta hoy. El tiempo apocalíptico fue demolido y sustituido por una concepción gnóstica del tiempo que ha sido la auténtica protagonista de la historia. Hablemos, pues, del tiempo gnóstico.[21]

 

Este tiempo gnóstico, que tiene su origen en el siglo II con Marción,[22] no renuncia a la promesa de salvación, ni al fin del sufrimiento o a la justicia, elementos centrales del cristianismo originario, pero lo que hace para responder a la desilusión que generó su incumplimiento fue la creación de un mundo imaginario ubicado fuera de este mundo concreto.  “Característico del gnosticismo es su desinterés por el mundo conven­cido de que en él no se encuentra la salvación.”[23] Para Reyes Mate esta concepción del tiempo, que sustituyó a la apocalíptica, se convirtió en la manera en la que occidente eludió el mandamiento mesiánico que exigía del hombre hacerse cargo del mal en el mundo y de responder por su prójimo. 

El gnosticismo transfirió la salvación al interior de cada individuo cancelando así la posibilidad de una justicia universal y la desplazó a otro mundo imaginario lo que lleva a considerar el sufrimiento real como un mal natural que no puede remediarse en lo concreto, sólo en lo trascendente. Lo que propone Reyes Mate es que debemos entender la idea moderna del “progreso” como una secularización de la propuesta teológica del tiempo gnóstico.[24]  “Para el progreso, la felicidad no está aquí y ahora, sino que hay que buscarla en el instante siguiente, tan huidizo como el presente”[25]. Finalmente nos dice el autor que “el progreso no es malo porque nos lleve a la catástrofe final, sino porque en sí es catastrófico, pues solo puede mantenerse destruyendo es­pecies, contaminando los mares, polucionando el aire y, sobre todo, pro­duciendo víctimas.[26]

La propuesta de Reyes Mate para enfrentar la catástrofe es volver a lo que considera el espíritu del judaísmo en la figura del Cristo de Pablo.  “Para hablar, pues, de que otro mundo es posible, hay que hablar de rescate del tiempo apocalíptico, es decir, hay que volver a cargar el tiem­po real con la dimensión mesiánica. Aquí sí que tiene sentido hablar de un cambio radical.”[27] Para esta tarea, que se podría definir como un re-encarrilamiento del cristianismo en la vía de la que se apartó con la gnosis, el filósofo recurre a los pensadores judíos que a su entender conservaron el espíritu del tiempo mesiánico aunque no hayan reconocido el mensaje universalista de Pablo y se hayan obstinado en seguir excluyendo a los demás a partir de su “sangre”.

Las características de una historia basada en el tiempo apocalíptico son las siguientes. En primer lugar, ser una historia de salvación. Pablo estableció un decurso del tiempo que va del primer Adán al segundo <<ya que si por Adán llegó la muerte, por otro vendrá la salvación>>, dando origen a un nuevo concepto de historia cuyo objetivo es responder desde el segundo Adán a las preguntas que plantea el primero. En este sentido es una historia salvífica. Necesidad, en segun­do lugar, de identificar el sujeto capaz de realizar ese proyecto histórico. Tenía que ser universal, esto es, tenía que llevar a su realización al hom­bre sin más. No podía ser ya el pueblo judío, limitado en su capacidad de representación al hecho de nacer judío, es decir, a la sangre, sino un nuevo pueblo sin exclusiones, un pueblo al que pudiera pertenecer cualquiera que quisiera. No podía ser el pueblo judío, pero tenía que ser su heredero porque de alguna manera ya, en el origen, era manifiesto el alcance general de la salvación prometida inicialmente al pueblo judío. En la designación del nuevo sujeto histórico tenía que verse la continuidad en la discontinuidad. [28]

 

Es desde esta perspectiva que Reyes Mate rescata a los pensadores judíos ya que son ellos los portadores del mensaje mesiánico y los que comprenden lo que significa el tiempo apocalíptico. Lo que no dice el filósofo cristiano es cómo transitar del sentido excluyente de su tradición al universalismo planteado por Pablo o en otras palabras: cómo y cuándo podrían dejar de ser judíos por nacimiento y participar de la fraternidad que se anuncia con el final de los tiempos.   En un pasaje del libro nos encontramos con una afirmación que podría ayudarnos a comprender el lugar que el filósofo cristiano les confiere a los judíos. Al referirse al mensaje paulino y a su propuesta de que “lo fundamental del mesianismo de los nuevos tiempos era la sustitución de la ley por la libertad del espíritu,[29] hace la aclaración que “el cristianismo de Pablo es algo más que interiorización, puesto que quiere influir en la historia.”[30] Para apuntalar está defensa de Pablo frente a la sospecha de su posible contribución al gnosticismo recurre a uno de los pensadores judíos predilectos:

Para Franz Rosenzweig, el pensador alemán que liberó a los in­telectuales judíos europeos del complejo asimilacionista, lo que distingue al cristianismo del judaísmo es precisamente la voluntad cristiana de in­fluir en la historia, un rasgo muy poco gnóstico. Decía que el cristiano está siempre en camino, mientras que el judío ya ha llegado. Es una forma de decir que lo propio del cristiano es transformar las estructuras del mundo escatológicamente, es decir, adelantando ese final reconciliado que nos empuja a vivir fraternalmente. El judío, que ya descansa en el final, es la garantía de que la promesa se cumple. El cristianismo, dice es camino; el judaísmo, vida.[31] 

 

Para comprender está afirmación es pertinente recuperar parte de la biografía del citado filósofo judeo-alemán. Franz Rosenzweig (1886-1929) en 1913 decidió convertirse al cristianismo pero unos días antes de la fecha establecida decidió mantener la fe judía y renunció al bautizo[32].  Unos años después, en 1921, publicó La Estrella de la Redención[33]donde reconstruyó la teología judía como un sistema filosófico alternativo al que ofreció Hegel a partir de la racionalidad cristina.

Otro término que requiere de una breve aclaración es “asimilación”. En el contexto en el que lo presenta Reyes Mate se entiende como la respuesta de millones de judíos que después de haber sufrido durante siglos la exclusión por parte de la sociedad cristiana y a partir del cambió que generó la Ilustración, buscaron integrarse a la mayoría rebelándose contra el mandamiento religioso judío de evitar la integración.

Cuando Reyes Mate afirma que Rosenzweig “liberó a los intelectuales judíos europeos del complejo asimilacionista”  está identificando el deseo de convertirse al cristianismo de forma negativa, como una actitud sicológica que parecería responder más a un sentimiento que a una convicción razonada. Dicho en otras palabras, para el filósofo español, un judío que pretenda integrarse al colectivo mayoritario y se identifique con el proyecto universalista ilustrado responde a una imposición que ha sido interiorizada inconscientemente y de la que hay que liberarlo.

Se entiende que la postura de Reyes Mate parte de una genuina demanda de respeto por la diversidad de creencias y que cuestiona el limitado sentido universalista de la ilustración cristiana por lo que se opone a que los judíos tengan que renunciar a su fe para poder ser parte de la comunidad de los hombres. Lo que sucede es que termina, indirectamente, reproduciendo el sistema de diferenciaciones y poniéndoles el sambenito de “asimilacionistas” a los judíos que buscan integrarse a la mayoría. La defensa del derecho de los judíos por mantener su fe se convierte, paradójicamente, en una condena.

El filósofo cristiano necesita que los judíos sigan conservando su tradición para que, con su ejemplo, saquen al cristianismo de su interpretación gnóstica y lo conduzcan a sus orígenes paulinos apocalípticos y mesiánicos. Lo que sucede es que esta operación teológica- pedagógica se ve amenazada por el justo deseo emancipatorio de las víctimas de gnosticismo cristiano que condujo a muchos a la conversión y llevó a otros a exigir una universalidad real en este mundo concreto a partir de la superación de las exclusiones religiosas.

Desde la perspectiva de un creyente cristiano, Reyes Mate pierde de vista lo que a nuestro juicio fue la mayor contribución de estos judíos asimilados: su compromiso con un universalismo radical que trascienda los límites inherentes a la adscripción colectiva. Lo que no alcanza a dimensionar el filósofo español es que todos estos pensadores se apartaron del mundo tradicional judío y al ser rechazados por el cristiano se abocaron a pensar en un mundo concreto que no le demandará al individuo: ni el bautizo ni el regreso al Gueto. Es cierto que la mayoría abrevaron de sus fuentes judías así como lo hicieron de las cristianas pero al mismo tiempo rompieron con ambas, en eso radica su singularidad. Y ya que de un tribunal se trata, que mejor abogado que Franz Kafka que fiel a su condición de procesado le puede responder a Reyes Mate con otra de sus sentencias paradójicas: “El Mesías llegará sólo cuando no haga ya falta, llegará sólo un día después de su propia llegada, no llegará en el último día, si no en el ultimísimo.”[34]

 

4.   Bibliografía citada:

1.       Kafka Franz, Consideraciones acerca del pecado, el dolor, la esperanza y el camino verdadero. Buenos Aires, Editorial Alfa Argentina, 1975

2.       Mate Reyes, A contraluz de las ideas políticamente correctas, Barcelona, Ánthropos, 2005

3.       __________“Aut lex, aut vis valet”, en Revista Anthropos; huellas del conocimiento, Reyes Mate; Memoria histórica, reconciliación y justicia,  Número 228, julio-septiembre, 2010, Barcelona. pp. 56-66.

4.       __________El tiempo, tribunal de la historia, Madrid, Trotta, 2018.

5.       __________“En torno a la justicia anamnética” en José Mardones y Reyes Mate (Eds.), La ética ante las víctimas, Barcelona, Anthropos, 2003

6.       _________ Medianoche en la historia. Comentarios a las Tesis de Walter Benjamin <<Sobre el concepto de Historia>>, Madrid, Trotta,  2006.

7.       _______ Memoria de Auschwitz; Actualidad Moral y Política, Madrid, Trotta, 2003

8.       _______Memoria de Occidente, Actualidad de pensadores judíos olvidados, Barcelona, Anthropos, 1997.

9.       Metz Johannes Baptist, Por una cultura de la memoria,  Presentación y epílogo de Reyes Mate, Barcelona, Ánthropos, 1999.

10.    Pilatowsky Mauricio, La autoridad del exilio; Una aproximación al pensamiento de Cohen, Kafka, Rosenzweig y Buber. México, UNAM y Plaza Valdés, 2008.

11.    Rosenzweig Franz, La estrella de la redención, Salamanca, Sígueme, 1997



[1] F. Kafka, Consideraciones acerca del pecado, el dolor, la esperanza y el camino verdadero. Buenos Aires, Editorial Alfa Argentina, 1975. p. 64.

[2] R. Mate, Memoria de Occidente, Actualidad de pensadores judíos olvidados, Barcelona, Anthropos, 1997.

[3] R. Mate, El tiempo, tribunal de la historia, Madrid, Trotta, 2018.

[4] Sobre este imperativo comenta: “Adorno ha expresado al momento inaugural de Auschwitz como la propuesta de un nuevo imperativo categórico.” En R. Mate, Memoria de Auschwitz; Actualidad Moral y Política, Madrid, Trotta, 2003. p. 188

[5] J. B. Metz, Por una cultura de la memoria,  Presentación y epílogo de Reyes Mate, Barcelona, Ánthropos, 1999.

[6] R. Mate, Memoria de Auschwitz, op. cit., pp. 118-119

[7] La condición de víctima de la que nos habla Reyes Mate está vinculado con las acciones de los hombres al respecto comenta: “Sin pretender una definición de algo tan polisémico como la víctima, digamos al menos, que cuando de ello hablamos en sentido moral estamos señalando, en primer lugar, al sufrimiento de un inocente voluntariamente infligido. No hablamos de las víctimas de una catástrofe natural. Sino de las que provoca el hombre, voluntariamente gratuitamente.” R. Mate, “En torno a la justicia anamnética” en J. Mardones y R. Mate (Eds.), La ética ante las víctimas, Barcelona, Anthropos, 2003, p. 100

[8] Reyes Mate, Memoria de Occidente, op. cit. p. 13

[9] Ibid. p. 14

[10] Ibid. 281

[11]Mate Reyes. Medianoche en la historia. Comentarios a las Tesis de Walter Benjamin <<Sobre el concepto de Historia>>, Madrid, Trotta,  2006.

 

 

[12] R. Mate, “Aut lex, aut vis valet”, en Revista Anthropos; huellas del conocimiento, R. Mate; Memoria histórica, reconciliación y justicia,  Número 228, julio-septiembre, 2010, Barcelona. pp. 56-66. p.58

[13] R. Mate, A contraluz de las ideas políticamente correctas, Barcelona, Ánthropos, 2005. P. 186

[14] “En realidad han sido dos las filosofías de la historia. La primera fracasó estrepitosamente y fue sustituida por otra que con muchos altibajos sigue siendo la nuestra, nuestro marco de referencia a la hora de interpretar el sentido de la vida. La primera fue pensada desde una concepción apocalíptica del tiempo y, la segunda, desde un tiempo gnóstico.” R. Mate, El tiempo, tribunal de la historia, op. cit. p. 37

[15] Recordemos que el término hebreo para catástrofe es Shoah.

[16] Ibid. p. 35

[17] Ibid. p. 37

[18] Ibid. p. 39

[19] Ibid. p. 40

[20] Ibid. p. 19

[21] Ibid. p. 45

[22] Ibid. p. 47

[23] Ibid. p. 58

[24] Ibid. p. 47

[25] Ibid. p. 61

[26] Ibid. p. 60

[27] Ibid. p. 114

[28] Ibid. pp. 41-42

[29] Ibid. pp.48-49

[30] Ibid. p. 49

[31] Ibídem.

[32] La vida y obra de Rosenzweig fue analizada con mayor detenimiento en: M. Pilatowsky, La autoridad del exilio; Una aproximación al pensamiento de Cohen, Kafka, Rosenzweig y Buber, México, UNAM y Plaza Valdés, 2008.

[33] F. Rosenzweig, La estrella de la redención, Salamanca, Sígueme, 1997

[34]Ibid. p.  65.

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