sábado, 25 de septiembre de 2010
jueves, 23 de septiembre de 2010
miércoles, 15 de septiembre de 2010
La Virgen de Guadalupe en la colonización del imaginario mexicano
Agradecimientos
Agradezco a los organizadores de este coloquio por la invitación a participar, en particular a Leticia Flores Farfán y Alberto Constante.
1. Presentación
“Nuestra santísima madrecita del Tepeyac”, la “Virgen de Guadalupe”, es, sin lugar a dudas, la figura más relevante de la fe en México, se ha llegado a decir que es el símbolo que cohesiona la identidad nacional, que todos los mexicanos somos guadalupanos. Esta imagen, que nació a principios del siglo XVI, ha sido columna vertebral del proceso colonizador, de la independencia y la revolución. Ha sido utilizada como estandarte de lucha por conquistadores y por conquistados, por liberales y conservadores, por la izquierda y la derecha; la vimos en manos de Fox, del Sindicato Mexicano de Electricistas, de los mexicanos en Arizona, entre otras “apariciones”. Hace unos días se llegó al absurdo de permitir al entrenador de la selección de Futbol de España a colocar la copa en el altar de nuestra virgencita
Dos preguntas orientan esta presentación: la primera ¿Por qué esta imagen tan particular se convirtió en el símbolo de lo mexicano? Y la segunda, por que este doble rostro; el de la madre abnegada y protectora, y al mismo tiempo la del ícono de la luchas que se pretenden mexicanas. Para responder a estas preguntas nos apoyaremos en el psicoanálisis, la filosofía y la historia.
2.1. Surgimiento del estado nación
Cuando utilizamos el término “mexicano” para designar la identidad de un colectivo activamos un extraño mecanismo de homologación cargado de violencia. Cuando le agregamos a esta palabra conceptos como “pueblo”, “nación”, “cultura”, “historia”, “pensamiento”, por citar algunos ejemplos, estamos aceptando que existe un común denominador para un colectivo que está compuesto por los presentes, los que los antecedieron y aquellos que vendrán. Al afirmar que la nación mexicana es guadalupana, trazamos una línea imaginaria que tiene su origen en el siglo XVI y que proyectamos a un futuro indeterminado.
Para que este proceso se interiorice en cada individuo y llegue al punto de sentirse como una verdad colectiva incuestionable se activan mecanismos psíquicos muy profundos a lo largo de muchas generaciones. Para que millones de individuos sientan una cercanía e identificación con otros que no conocen, no conocieron y no conocerán, debe fomentarse una ilusión colectiva de pertenencia y vinculación que permita creer imaginariamente que los que somos miembros de la nación mexicana compartimos algo que no compartimos con aquellos que no lo son. El proceso por medio del cual esta ilusión se va creando lo denominamos configuración de imaginarios y a los mecanismos que lo acompañan, prácticas de inclusión exclusión.
2.2. Los aspectos psicológicos de la identidad colectiva
El psicoanálisis nos ayuda entender cómo es que el individuo se construye a sí mismo esta ilusión de pertenencia y cómo es que llega a sentir que efectivamente comparte esta identidad con otros desconocidos. Para Freud el desarrollo de la psique individual y la construcción de vínculos sociales que la acompañan deben entenderse desde la dinámica del deseo. En el Porvenir de una Ilusión comenta lo siguiente:
Lo característico de la ilusión es que siempre deriva de deseos humanos; en este aspecto se aproxima a la idea delirante de la psiquiatría,[…]. Por lo tanto, llamamos ilusión a una creencia cuando en su motivación esfuerza sobre todo el cumplimiento de deseo; y en eso prescindimos de su nexo con la realidad efectiva, tal como la ilusión misma renuncia a sus testimonios.[1]
Tal y como lo expone Freud este tipo de ilusiones en el campo social se aproximan a las ideas delirantes que la clínica encuentra en los pacientes. En este estudio recuperaré el mecanismo por medio del cual los individuos, que desean y necesitan pertenecer a un colectivo, no cuestionan la ilusión que satisface ese deseo, y renuncian inconcientemente a buscar un nexo con la realidad efectiva. Esto último explica porque, a pesar de tener pruebas que desacreditan los mitos religiosos o políticos, seguimos manteniendo la creencia en ellos.
2.3. La cultura cómo sometimiento
El análisis de la estructura psíquica nos permite entender sobre qué bases se configuran los imaginarios culturales en general, para determinar las particularidades de cada caso específico como lo es el de la identidad mexicana, es necesario enriquecer este tipo de perspectiva con un estudio de las condiciones históricas. La identidad mexicana tiene, en el imaginario colectivo, un origen en el tiempo y remite al encuentro de la cultura española con las culturas que habitaban estás tierras, lo mexicano no es lo puramente español como no lo es tampoco lo considerado exclusivamente indígena; está constituido por una zona confusa que comienza en lo criollo y termina en un indigenismo tamizado por el mestizaje.
La colonización de estas tierras a diferencia de otras experiencias paralelas, se acompañó de un mestizaje que al pasó de los siglos constituyó el factor dominante de la población.
Pero no nos confundamos, este proceso no fue producto del “amor cristiano” de los conquistadores españoles, como nos lo quiere hacer creer José Vasconcelos, obedeció más bien a una política de explotación. Las mujeres fueron parte del botín y sus hijos no recibieron el mismo trato que los de las españolas. Los hombres fueron esclavizados y explotados. Se calcula que la persecución, los trabajos forzados, la miseria y las enfermedades mataron a millones de personas.
Uno de los aspectos fundamentales en el proceso de colonización fue la exclusión gradual de los españoles nacidos en la Nueva España, conocidos como criollos, de los privilegios de aquellos que habían nacido en la llamada Madre Patria. Este grupo desarrollo una relación ambigua con España, por un lado se reconocían como pertenecientes a esa nación y por el otro sentían que el haber nacido aquí les otorgaba un derecho de propiedad sobre lo conquistado, mientras que desde la península ibérica no se les consideraba iguales y se les negaban esos derechos. La llamada Independencia que ahora festejamos con bombo y platillo se produce cuando procesos al interior de España permiten a los criollos de la Nueva España el reivindicar lo que ellos sentían cómo un derecho.
Para consolidar su nueva situación estos criollos requirieron de nuevos imaginarios que permitieran que mestizos e indígenas se incorporar a su proyecto de nación. Aquí se desarrolla otro aspecto importante de la construcción de imaginarios, el de colocar al conquistador y a sus descendientes del mismo lado que el de los conquistados. Lo mexicano se utiliza como espacio de unidad en un sistema de diferencias y de continua explotación. El criollo desarrolla un imaginario a partir de una memoria fracturada que transita por dos caminos paralelos: por un lado recupera las cosas que admira y quiere hacer propias de lo español: la lengua, la evangelización humanista y las tradiciones artísticas; y por el otro se siente americano, se identifica con lo autóctono y por lo mismo heredero de los derechos de los indígenas.
Los festejos del bicentenario y todos los discursos que los acompañan dan muestra de esta construcción imaginaria. Como parte de este mismo proceso la población mestiza, que conforma la gran mayoría de la nación, ha adoptado partes del imaginario criollo y reproducido la ambigüedad. Se podría decir que en la configuración de los imaginarios mexicanos se recupera un origen extraño y confuso donde al mismo tiempo se reivindica al conquistador y al conquistado, en una extraña mezcla afectiva podemos admirar a Cortéz y odiarlo, o ensalzar a Cuauhtémoc y considerar traidores a los tlaxcaltecas.
Para resumir esta parte y entramar los aspectos psíquicos con los históricos, recuperaré la propuesta de Octavio Paz en su Laberinto de la soledad, dónde afirma: “[…] La Chingada es la Madre abierta, violada o burlada por la fuerza. El "hijo de la Chingada" es el engendro de la violación, del rapto o de la burla.”[2] Para el mestizo una revisión crítica de sus orígenes lo conduciría a la imagen de la madre Chingada y paralelamente a la del padre abusador que lo rechaza. La configuración de una identidad nacional que busca factores de unidad y cohesión debe sortear este aspecto por medio de mitos que fomenten la ilusión de un origen admisible. Este es el fermento en el que nace la Imagen de la Virgen de Guadalupe.
3. La estructura psíquica según Freud
3.1. El tabú de la virginidad
Freud abordó el tema del Tabú de la Virginidad en uno de sus tres trabajos sobre la psicología del amor. Ahí nos comenta que en todas las culturas existe este Tabú que se caracteriza por la valoración de la virginidad de la mujer y al mismo tiempo por un miedo inconsciente a la desfloración. Por un lado se exige a la mujer que no tenga experiencia sexuales anteriores al matrimonio pero al mismo tiempo existe un miedo a desflorarla. Por economía de tiempo no puedo abordar todos los aspectos que se analizan en este texto, resaltaré únicamente los relativos al tema en cuestión.
Cómo señala el autor la imagen de la mujer inmaculada está asociada con la fantasía infantil que niega la actividad sexual de la madre[3] y al mismo tiempo con la extensión de un derecho de propiedad sobre la mujer[4]. A estos elementos se suma el miedo del varón a la violencia de la mujer lo cuál es explicado por Freud a partir del Edipo; en la estructura psíquica del individuo la mujer representa una sustituta de la madre, en la relación sexual existe una aproximación compleja ya que en el deseo se encuentra también un elemento que remite el incesto.
Para el niño el primer objeto de deseo es la madre, con la aparición del padre ésta pasa a ser objeto prohibido para el deseo sexual, permitiéndo únicamente el amor tierno desexualizado, en ese momento del desarrollo de la conciencia, la madre aparece como el objeto sexual del otro, es decir, del padre. En su desarrollo sexual como adulto esta fractura lo va a llevar a un vínculo complejo con la mujer, por un lado busca separarla lo más posible de la imagen tierna materna; y por el otro busca a una mujer cuya sexualidad no recuerde al amor tierno, y que pueda degradar para convertirla en objeto. El resultado de esta operación es la proyección de una imagen femenina que contiene dos aspectos: el de una virgen a la que no se le puede tocar y que provee amor sin sexo, y el de un objeto que es degradado para permitir el goce sexual.
En el caso de la mujer, su primer objeto de deseo también es la madre y su relación con el hombre tiene que ver con la aparición del padre, de tal suerte que se ve a sí misma reproduciendo la imagen aquella de acuerdo al esquema anterior, donde es simultáneamente la vírgen y el objeto de deseo del varón. La identificación con la madre, la lleva a desear tener hijos del padre, ya que esto le está prohibido, la ilusión de concebir sin sexo le permite una identificación plena con la imagen materna eliminando el conflicto.
Esta estructura puede llegar a una relativa superación si existe cierta elaboración lo cuál permite una relación amorosa equilibrada; al respecto comenta Freud en otro de sus estudios sobre el amor: “[…] Suena poco alentador, y por añadidura, paradójico, pero es preciso decir que quien haya de ser realmente libre, y, de ese modo, también feliz en su vida amorosa, tiene que haber superado el respeto a la mujer y admitido la representación del incesto con su madre o hermana.”[5]
Lo que podemos concluir de este breve análisis es que el Tabú de la Virginidad busca resolver el conflicto que se genera en el individuo que ve en su propia madre el primer objeto del deseo pero que, a partir del Edipo, la convierte en un objeto prohibido y a la cual desexualiza. Es la protectora que da la vida y provee cuidados pero es también aquella que no deja de representar un objeto de deseo prohibido que violenta todas las estructuras.
3.2. Tabú y sublimación
Una de las maneras en las que los individuos enfrentan los conflictos internos como el que explicamos anteriormente, es mediante la sublimación. La creación artística, por ejemplo, representa una salida constructiva por medio de la cual el creador elabora su dolor dirigiendo sus deseos a expresiones sublimes.
Con respecto a las representaciones religiosas, como en el caso de la virgen de Guadalupe, la situación es distinta. El que las contempla, admira y venera, deposita en ellas una creencia mágica donde se proyecta la ilusión. A diferencia de las manifestaciones artísticas no existe una elaboración donde la conciencia reconoce que el objeto en cuestión es un producto humano, al contrario, se le busca adjudicar un origen divino. La imagen religiosa viene a ser una extensión del conflicto no resuelto, una puesta en escena delirante de aquello que no ha sido elaborado por el individuo.
4. La Virgen de Guadalupe
4.1. Octavio Paz
De vuelta a Octavio Paz recogemos sus reflexiones en la presentación que le hizo al libro de Jacques. Lafaye, Quetzalcóatl y Guadalupe. La formación de la conciencia nacional[6], ahí nos comenta:
Madre de dioses y de hombres, de astros y hormigas, del maíz y del maguey, Tonantzin/Guadalupe fue la respuesta de la imaginación a la situación de orfandad en que dejó a los indios la conquista. […] La situación ambigua de Nueva España produjo una reacción semejante: los criollos buscaron en las entrañas de Tonantzin/Guadalupe a su verdadera madre. Una madre natural y sobrenatural, hecha de tierra americana y teología europea. […]Para los mestizos la experiencia de la orfandad fue y es más total y dramática. […] En la imaginación de los mestizos, Tonantzin/Guadalupe tiene una réplica infernal: la Chingada. La madre violada, abierta al mundo exterior, desgarrada por la conquista; la Madre Virgen, cerrada, invulnerable y que encierra en sus entrañas a un hijo. Entre la Chingada y Tonantzin/Guadalupe oscila la vida secreta del mestizo[7].
4.2. La imagen de Guadalupe el Tabú de la virginidad y la colonización
Las reflexiones de Paz nos conducen de vuelta a la historia. Para que la imagen de la Virgen del Tepeyac llegara a ser considerada un emblema de la nación mexicana pasaron muchos siglos. Los historiadores coinciden que en los primeros años existió un rechazo por medio de los misioneros a esta creencia popular.[8] La colonización se acompañó de la evangelización de los pobladores de la zona, esta tarea recurrió, entre otros, a un mecanismo de sustitución que finalizó en un sincretismo religiosos, las iglesias se construyeron sobre los antiguos templos y los rituales cristianos adoptaban costumbres indígenas, el caso de la virgen de Guadalupe-Tonantzin no fue la excepción, su imagen funde a la Virgen de Guadalupe adorada en España con la Diosa Tonantzin idolatrada en el mundo prehispánico.
4.2.1. La Guadalupe española
Lafaye comenta que en el momento de la conquista de estás tierras, la figura de la virgen había ocupado ya un lugar central en la fe católica Ibérica, de hecho afirma que: “Guadalupe es la historia de España desde la batalla del Salado hasta la edificación de El Escorial”, es decir, de 1340 a 1561[9]. Pero en este caso no se refiere a la del Tepeyac sino más bien a la de una población en la sierra oriental de Extremadura en España.[10] Su valoración está relacionada con la lucha contra los moros como imagen inspiradora de fuerza,[11] lo cual puede explicar su adopción por parte de los conquistadores, y su carácter bélico.
4.2.2. La imagen de Guadalupe Tonantzin
No hay duda alguna de la existencia de una deidad prehispánica que inspira el sincretismo en la virgen de Guadalupe del Tepeyac, “la diosa madre de los aztecas, Tonantzin”[12]. En los relatos de Torquemada y de Cabrera se recoge y traduce el relato prehispánico donde se cuenta que Tonantzin; “Era una Virgen consagrada a Dios, en el servicio del templo, que por obra del cielo concibió y parió sin lesión de su virginidad al Señor de la Corona de Espinas o Teohuitzahuac, que constaba de naturaleza humana y divina, nació hecho varón perfecto, […][13].
Esta figura tenía otras características que permitieron su adopción como símbolo religioso del imaginario mexicano; una de ellas era la dualidad con respecto al género, era diosa pero también se transformaba en dios, otra se refiere a la vida y la muerte, era la madre que daba la vida pero también la quitaba[14].
4.2.3. La Guadalupe mexicana
La Virgen Guadalupe mexicana recoge elementos de sus antecesoras a partir de un proceso de fusión que fue respondiendo a las distintas circunstancias históricas. En ella depositan sus fieles solicitudes de ayuda y protección pero también ha sido el estandarte de las luchas. En las dos imágenes, tanto la de España como la Azteca existían esos dos elementos, la madre que intercede ante Dios por sus hijos y la de aquella que los acompaña en su lucha. Es deidad de vida y de muerte, de enfrentamiento y resignación. Desde esta ambigüedad se comprende porque fue imagen de conquistadores y conquistados. Surge para consolar y cuidar a los humillados, la imagen de la madre abnegada que se sacrifica por sus hijos, que todo lo soporta. Ha sido utilizada, por el que tiene el poder, para fomentar la resignación en el sometido o ser acompañante del guerrero. De protectora del vencido pasa a ser fortaleza del vencedor. Así lo explica Lafaye cuando dice: “A partir de la Independencia la imagen de la Guadalupe va virando, desde su función principal protectora contra las epidemias, hasta convertirse en ‘diosa de las victorias’ y de la libertad.”[15]
5. El tabú de la virginidad y la colonización de los imaginarios
5.1. La virginidad de la madre
En el análisis que realiza Freud, encuentra una propensión psíquica a negar la sexualidad de la madre que deriva en la ilusión de la virginidad de ésta. Si la comprendemos en el caso de una población como la de los mestizos-mexicanos adquiere una gran fuerza ya que en el imaginario colectivo que se construye para poder hablar de una identidad nacional el referente materno remite al sometimiento y al abuso. La madre del mexicano en sus relatos colectivos es, como lo describe Paz: la madre chingada.
La indignación que acompaña el reconocimiento del abuso de la madre es acallada cuando los que son identificados como descendientes del padre violador alimentan la ilusión de una madre común para todos y que nunca fue violada, que es siempre virgen. Aquí surge la imagen de la madre abnegada que cuida de los desvalidos. En el control de sus pulsiones agresivas la figura de Guadalupe cumple una función política.
Para el criollo hay también una salida ya que su enfrentamiento con España es, simbólicamente, una rebelión contra el padre y una desobediencia a sus mandatos, la adoración a María en su versión mexicana y la ilusión de su virginidad permite superar el miedo inconciente a la ira del padre.
Con respecto al indígena, las prácticas son claramente de exclusión, sin embargo, para incluirlo imaginariamente en la configuración nacional, se crea el mito de la virgen indígena que se le aparece al indio Juan Diego.
El otro aspecto de la vida psíquica que se manifiesta en este ícono es el de la violencia, la imagen pacifica y casi angelical de Guadalupe que radica en el respeto a su virginidad, conlleva también otro aspecto del tabú: el de la violencia contenida. Diosa de la vida y la muerte o protectora de los combatientes contra los moros, Guadalupe es también acompañante de los defensores de su mito; legitima la causa de quien la porta. Su utilización en todo tipo de luchas funciona para proteger a los que pelean, mientras que amenaza a los que los enfrentan, en la fantasía de los portadores de su imagen la madre los protege mientras ellos defiendan su virginidad, y el que se atreva a desflorarla atraerá sobre sí la ira del Padre.
6. Conclusiones
Para concluir podemos decir que esta figura ha permitido cohesionar a los distintos grupos que componen la llamada nación mexicana haciéndolos sentir hermanos, aunque en la realidad sus genealogías remitan a experiencia tan distintas. Al borrar de la memoria la violación de la madre del mestizo y la exclusión del indígena, se pueden hermanar con el criollo cuyo padre es el abusador.
Esta ilusión permite, en cierta medida, la paz social y una convivencia donde la violencia se contiene pero permite también la perpetuación de un sistema de injusticias y una amnesia colectiva. Los discursos oficiales, la postura de la Iglesia y la manera de enseñar la historia de México alimentan esta ilusión.
Madre de todos y de ninguno, la Virgen de Guadalupe cubre con su manto la ilusión de pertenencia y esconde, a su vez, una dura historia de abuso, exclusión, explotación y despojo. Al igual que los individuos, los pueblos deben madurar y enfrentarse a la verdad de su origen donde las madres no son vírgenes, los padres no son dioses y los hijos deben emanciparse de la tiranía de la ilusión.
¡Muchas gracias!
Ciudad Universitaria a 9 de septiembre de 2010
[1] Freud Sigmund, El Porvenir de una Ilusión, en Obras Completas, vol. XXI, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 2004. p. 31
[2] O. Paz, El Laberinto de la Soledad, Fondo de Cultura Económica, México, 1981, p. 87-88
[3] Sigmund Freud, El tabú de la virginidad (Contribuciones a la psicología del amor, III), (1918 [1917]). En Sigmund Freud, Obras completas, tomo XI, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1975, pp. 185-203. p.203
[4] Ibid. p.189
[5] Sigmund Freud, Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa (Contribuciones a la psicología del amor, II), (1912). En Sigmund Freud, Obras completas, tomo XI, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1975, pp. 169-183. p.179
[7] O. Paz, Prefacio; Entre Orfandad y Legitimidad, en Lafaye, op. cit. p.21-2
[8] Lafaye, op. cit. p.317, M. León- Portilla. Tonantzin Guadalupe. Pensamiento náhuatl y mensaje cristiano en el “Nican mpohua”. México, FCE, 2001. p.14, y S. Gruzinski, La colonización de lo Imaginario, F.C.E., México, 1991.
sábado, 26 de junio de 2010
Entrevista del 5 de junio 2010 por LLUÍS AMIGUET En La Vanguardía
Mauricio Pilatowsky, filósofo e historiador del pensamiento judío
"Antes de Israel, la patria de todos los judíos era el texto"
LLUÍS AMIGUET - 05/06/2010
Tengo 52 años y estoy a gusto con mis canas. Viví seis años en un kibutz y estudié en la Universidad Hebrea: soy profesor en la UNAM. Hamas aprendió de Israel a mezclar nacionalismo y religión y así fue la guerra santa. Colaboro con la Fundación B. Spinoza y Casa Sefarad
Israel sufre hoy la misma contradicción que todos los nacionalismos.... ¿. ..?
La Revolución Francesa y las demás revoluciones que acabaron con el feudalismo proclamaron los Derechos Universales del Hombre...
Pero aún son una utopía universal.
... Porque los administran los estados: no son derechos de la persona, sino del ciudadano. Y cuando un Estado garantiza esos derechos a sus ciudadanos, al mismo tiempo excluye de tenerlos a quienes no lo son.
Si no tienes Estado, no tienes derecho. Es lo que les pasó a los judíos en la Europa del XIX cuando surgían los modernos estados nación: eran una minoría sin Estado. Y eso mismo les pasa hoy a 150 millones de inmigrantes ilegales en todo el planeta y también en el propio Israel.
¿El judío no podía hacerse ciudadano?
Cuando se van creando los modernos estados europeos, se llama a los judíos a que salgan de sus guetos y se integren en ellos.
¿Con condiciones?
Muchas. Se les prohíbe ingresar en la universidad y no se les da ciudadanía plena...
Ciudadanos de segunda.
Es que los proyectos de Estado nación - no lo olvide-se hacen contra las minorías y, por eso, millones de judíos europeos se quedaron entonces sin sus barrios y estructuras tradicionales, pero tampoco fueron admitidos como ciudadanos de pleno derecho.
¿Qué caminos tomaron?
O hacerse cristianos - algo que no había conseguido ni la Inquisición-o hacerse socialistas y refugiarse en una utopía internacionalista, como el propio judío Karl Marx...
... O hacerse sionistas.
También, porque el sionismo nace hermanado con el socialismo. Otro camino para los judíos fue refundar su judaísmo en la ortodoxia: recuerde que los ortodoxos no son, como se cree erróneamente, continuadores tradicionalistas, sino reformados.
¿Qué otros caminos tenían los judíos? Queda la minoría de intelectuales sin patria que se refugiaron en la razón y recordaron al mundo que los derechos humanos son universales y que están más allá de tribus, naciones y estados.
Usaban la razón.
Eran el propio Marx o Freud o Kafka, o - más tarde Einstein o Walter Benjamin...-¡Y le daría tantos otros nombres...!
Que refundaron la cultura occidental. Desde tierra de nadie, porque ya no pertenecían ni a los guetos de sus antepasados ni se sentían ciudadanos de los nuevos estados de sus contemporáneos, que los rechazaban.
Apátridas en la Europa de las Naciones. Su patria era el texto. Steiner lo investiga y expone de forma magistral: durante 2.000 años de exilio, los judíos hacen de la lectura y la escritura su identidad, su territorio.
Cuando sólo los poderosos leían.
Los niños judíos aprendían a leer y escribir con soltura, cuando la mayoría de los europeos entonces eran analfabetos.
Por eso dominaron la ciencia.
Con ese dominio de la teoría, se atreven a criticarla y renovarla y refundarla y desafían los límites de la cultura europea: Marx, Freud y Einstein... Le cito tres revoluciones.
Pero ninguno de los tres era creyente. Los tres coinciden en que ser judío consiste en amar la justicia y la verdad.
Tampoco eran sionistas.
A Einstein le ofrecieron ser presidente de Israel y lo rechazó; Freud no quiso ir a Israel, y Kafka, desde su soledad apátrida, proclama que él era alfa y omega, y no fue a Israel. Los sionistas trabajan, mientras tanto, para crear un hogar para los judíos.
Una esperanza razonable.
Un territorio para que los refugiados judíos puedan vivir en paz. Es un hermoso proyecto, pero en estos últimos años se ha comenzado a cargar de nacionalismo excluyente y de elementos metafísicos y religiosos.
Por ejemplo...
No es lo mismo defender el derecho a la seguridad en paz de un colectivo que proclamar la innegociable eternidad de Jerusalén.
Antes tenían razón; ahora, religión.
Es el problema de Israel hoy. Cada vez que los árabes y judíos racionales quieren edificar una convivencia y un diálogo sobre la razón plasmado en acuerdos razonables, los integristas religiosos de ambos bandos lo convierten en enfrentamiento eterno.
¿Por qué?
Porque la convivencia en un Estado se construye sobre la razón, pero la nación se erige sobre el corazón. Podemos discutir con argumentos cómo construir un Estado, pero no el destino de una nación, porque la nación es un sentimiento; por tanto, indiscutible. Y el nacionalismo, su exaltación.
Por eso es más racional la independencia que el nacionalismo.
Y así hoy en Israel se mezclan nación y religión y el resultado es la guerra santa. Al proyecto original y racional de crear un hogar para que los judíos pudieran vivir en paz se han adherido la religión y el nacionalismo, y los árabes han copiado la fórmula. Hamas es eso: nacionalismo más religión.
¡Qué le vamos a hacer!
Europa no puede desentenderse del conflicto diciendo que viene de dos mil años, porque lo creó ella. Fue Europa quien dejó sin patria a los judíos hasta la shoah y fue el colonialismo europeo el que incorporó al mundo árabe al nacionalismo. Antes de que Europa los enfrentara, judíos y musulmanes convivieron en paz durante siglos.
La Revolución Francesa y las demás revoluciones que acabaron con el feudalismo proclamaron los Derechos Universales del Hombre...
Pero aún son una utopía universal.
... Porque los administran los estados: no son derechos de la persona, sino del ciudadano. Y cuando un Estado garantiza esos derechos a sus ciudadanos, al mismo tiempo excluye de tenerlos a quienes no lo son.
Si no tienes Estado, no tienes derecho. Es lo que les pasó a los judíos en la Europa del XIX cuando surgían los modernos estados nación: eran una minoría sin Estado. Y eso mismo les pasa hoy a 150 millones de inmigrantes ilegales en todo el planeta y también en el propio Israel.
¿El judío no podía hacerse ciudadano?
Cuando se van creando los modernos estados europeos, se llama a los judíos a que salgan de sus guetos y se integren en ellos.
¿Con condiciones?
Muchas. Se les prohíbe ingresar en la universidad y no se les da ciudadanía plena...
Ciudadanos de segunda.
Es que los proyectos de Estado nación - no lo olvide-se hacen contra las minorías y, por eso, millones de judíos europeos se quedaron entonces sin sus barrios y estructuras tradicionales, pero tampoco fueron admitidos como ciudadanos de pleno derecho.
¿Qué caminos tomaron?
O hacerse cristianos - algo que no había conseguido ni la Inquisición-o hacerse socialistas y refugiarse en una utopía internacionalista, como el propio judío Karl Marx...
... O hacerse sionistas.
También, porque el sionismo nace hermanado con el socialismo. Otro camino para los judíos fue refundar su judaísmo en la ortodoxia: recuerde que los ortodoxos no son, como se cree erróneamente, continuadores tradicionalistas, sino reformados.
¿Qué otros caminos tenían los judíos? Queda la minoría de intelectuales sin patria que se refugiaron en la razón y recordaron al mundo que los derechos humanos son universales y que están más allá de tribus, naciones y estados.
Usaban la razón.
Eran el propio Marx o Freud o Kafka, o - más tarde Einstein o Walter Benjamin...-¡Y le daría tantos otros nombres...!
Que refundaron la cultura occidental. Desde tierra de nadie, porque ya no pertenecían ni a los guetos de sus antepasados ni se sentían ciudadanos de los nuevos estados de sus contemporáneos, que los rechazaban.
Apátridas en la Europa de las Naciones. Su patria era el texto. Steiner lo investiga y expone de forma magistral: durante 2.000 años de exilio, los judíos hacen de la lectura y la escritura su identidad, su territorio.
Cuando sólo los poderosos leían.
Los niños judíos aprendían a leer y escribir con soltura, cuando la mayoría de los europeos entonces eran analfabetos.
Por eso dominaron la ciencia.
Con ese dominio de la teoría, se atreven a criticarla y renovarla y refundarla y desafían los límites de la cultura europea: Marx, Freud y Einstein... Le cito tres revoluciones.
Pero ninguno de los tres era creyente. Los tres coinciden en que ser judío consiste en amar la justicia y la verdad.
Tampoco eran sionistas.
A Einstein le ofrecieron ser presidente de Israel y lo rechazó; Freud no quiso ir a Israel, y Kafka, desde su soledad apátrida, proclama que él era alfa y omega, y no fue a Israel. Los sionistas trabajan, mientras tanto, para crear un hogar para los judíos.
Una esperanza razonable.
Un territorio para que los refugiados judíos puedan vivir en paz. Es un hermoso proyecto, pero en estos últimos años se ha comenzado a cargar de nacionalismo excluyente y de elementos metafísicos y religiosos.
Por ejemplo...
No es lo mismo defender el derecho a la seguridad en paz de un colectivo que proclamar la innegociable eternidad de Jerusalén.
Antes tenían razón; ahora, religión.
Es el problema de Israel hoy. Cada vez que los árabes y judíos racionales quieren edificar una convivencia y un diálogo sobre la razón plasmado en acuerdos razonables, los integristas religiosos de ambos bandos lo convierten en enfrentamiento eterno.
¿Por qué?
Porque la convivencia en un Estado se construye sobre la razón, pero la nación se erige sobre el corazón. Podemos discutir con argumentos cómo construir un Estado, pero no el destino de una nación, porque la nación es un sentimiento; por tanto, indiscutible. Y el nacionalismo, su exaltación.
Por eso es más racional la independencia que el nacionalismo.
Y así hoy en Israel se mezclan nación y religión y el resultado es la guerra santa. Al proyecto original y racional de crear un hogar para que los judíos pudieran vivir en paz se han adherido la religión y el nacionalismo, y los árabes han copiado la fórmula. Hamas es eso: nacionalismo más religión.
¡Qué le vamos a hacer!
Europa no puede desentenderse del conflicto diciendo que viene de dos mil años, porque lo creó ella. Fue Europa quien dejó sin patria a los judíos hasta la shoah y fue el colonialismo europeo el que incorporó al mundo árabe al nacionalismo. Antes de que Europa los enfrentara, judíos y musulmanes convivieron en paz durante siglos.
Hoy Israel se proclama portavoz de todos los judíos de la Tierra - denuncia Pilatowsky-pero no quiere escucharlos. La mayor parte de la diáspora judía, heredera de los genios que refundaron la cultura occidental, apoya el proyecto original de un hogar para que todos los judíos puedan vivir en paz, pero repudia el mandato mesiánico y religioso de supremacía judía que han asumido los últimos gobiernos israelíes. "Cuando mezclas religión y nacionalismo, es la guerra santa". Y Pilatowsky cita entonces la larga nómina de judíos - desde Finkielkraut hasta Chomsky-que piden un Israel que no guerree por religión para la eternidad, sino que pacte empleando la razón para la paz. Y ahora.
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